Pornografía: ¿explotación o empoderamiento?

Un debate feminista

[artículo] |  Isabel Vázquez del Olmo

 

 en  2015, el lanzamiento de 50 sombras de Gray generó reacciones encontradas. Como era de esperarse, feministas de todo el mundo criticaron duramente la cinta por considerar que alentaba el acoso y el maltrato hacia las mujeres (1). La reacción que nadie esperaba fue la de un grupo de actrices de la industria pornográfica. A través de un video de YouTube, las estrellas del cine para adultos criticaron los clichés del filme y exaltaron el papel del sexo, concretamente de la pornografía, como medio de empoderamiento de la mujer (2):

Esta efímera contradicción de opiniones en torno al uso del sexo en 50 sombras de Grey recuerda una vieja polémica en el seno del feminismo: ¿cuál debe ser la postura de las feministas frente a los contenidos de índole sexual, sobre todo frente a la pornografía?

Sex war: feministas antipornografía contra feministas liberales

 a  mediados de la década de 1970 varios grupos feministas se vieron influidos por las ideas de Robin Morgan contenidas en el ensayo Theory and Practice: Pornography and Rape (3). En dicho texto, Morgan argumentaba que la violación es la expresión estándar de la fantasía sexual masculina en la cultura patriarcal, siendo la pornografía una articulación de esa fantasía en una industria multimillonaria.

Teniendo como base estas ideas, grupos como WAVAW (Women Against Violence Against Women) y WAVPM (Women Against Violence in Pornography and Media) organizaron marchas, protestas y boicots en contra de la pornografía. Sin embargo, su principal labor fue la de abrir la discusión y denunciar las prácticas violentas de la industria.

Las feministas siempre se han preocupado por los mecanismos que la sociedad patriarcal utiliza para perpetuar la opresión de la mujer y de las minorías sexuales. Por eso, no es de sorprender que la primera crítica fuera hacia los contenidos que tienden a hacer de la mujer un mero objeto de placer.

Debido a los avatares del mercado en la cultura patriarcal, la industria se aprovecha no sólo de las desigualdades entre géneros sino también de violencias raciales y socio-económicas. Explotando estas desigualdades, la industria tiende a crear prejuicios sobre la sexualidad de determinados grupos. En los videos masoquistas y en aquellos que recrean un entorno donde la mujer es vulnerable, como en el caso de secretarias y mucamas, las mujeres son representadas como un ser que no sólo disfruta sino que desea la vejación y la humillación. En el caso de videos donde participan actrices afroamericanas se aprovecha el prejuicio de su sexualidad desinhibida y se alimenta la idea de que siempre están prestas a satisfacer los deseos de los hombres sobre todo si, incluyendo un elemento racista, son hombres blancos. Lo mismo ocurre con los videos que incluyen minorías sexuales como en el caso de las lesbianas, que a menudo son representadas como mujeres que sólo necesitan una buena dosis de sexo masculino para “curarse” (4).

La segunda crítica va más encaminada a las prácticas que la industria usa para la realización y comercialización de sus producciones. Para ello las productoras explotan las realidades representadas en los videos, es decir, se aprovechan de la vulnerabilidad de ciertos sectores no sólo para generar la temática del contenido, sino el producto en sí.

Estos grupos feministas antipornográficos buscaban, contario a lo que esta denominación pueda dar a entender, combatir las prácticas de la industria conectadas con otras estructuras sociales de opresión sexista. La prohibición de la pornografía no fue nunca la bandera de estos grupos (5).

Por otro lado, grupos feministas de corte más liberal argumentaban que la pornografía era en realidad un escenario de empoderamiento de la mujer. Un lugar donde, más allá de las ataduras de una sociedad conservadora, las mujeres podían ejercer su sexualidad. Para ellas, la decisión de las mujeres de participar en estos videos era más importante que la posible explotación que había detrás (6). Por ello, muchas veces acusaron a las feministas antipornográficas de sostener ideas cercanas a una derecha conservadora que buscaba la prohibición del material de contenido sexual.

El problema con la postura de las feministas liberales era que muchas veces ignoraban la realidad subyacente en la producción de la pornografía decantándose a favor de una libertad que muchas veces era coaccionada a través de la violencia.

La discusión entre ambos bandos pasó a ser conocida en el seno de las luchas feministas como sex war. La resolución de dicho debate parece actualmente cada vez más lejana debido a la alta polarización de ambos bandos (7).

Excesos y reconciliación

 c  omo suele ocurrir en muchos otros aspectos de la discusión feminista, los grupos contendientes de la sex war generaron una ortodoxia cerrada poco inclinada al diálogo. Las feministas liberales se empecinaron en su defensa ciega de la libertad individual, mientras que las antipornografía llegaron a encasillar y estigmatizar muchos aspectos de la industria, incluyendo a las mujeres que participan en esa clase de producciones.

Ambas posturas se volvieron tan cerradas que ya no hubo espacio para la comprensión de lo compleja y contradictoria que en realidad es la vida de las mujeres contemporáneas (8). Tal fue la cerrazón que ningún grupo se dio cuenta de que, en el fondo, tal vez luchaban por lo mismo.

Las feministas antipornografía desean librar a las mujeres de las violencias presentes en el ejercicio de la sexualidad en la sociedad patriarcal. Las feministas liberales luchan por liberar las manifestaciones sexuales de las cadenas que les imponen las sociedades conservadoras. No sirve de nada librarse de las prácticas violentas si el ejercicio de la sexualidad está encasillado, incluso por las mismas feministas. Tampoco sirve de nada poder manifestar libremente la sexualidad si al hacerlo se está a merced del abuso y el acoso (9).

Aunque muchas feministas quieran dar respuestas definitivas acerca de la postura del feminismo frente a la pornografía, es necesario aceptar las contradicciones de una realidad cambiante y compleja. Más que dar respuestas definitivas el feminismo requiere, no sólo en este sino en muchos otros temas, una discusión crítica que rechace cualquier forma de ortodoxia. No sea que buscando combatir la opresión nos convirtamos, por ceguera, en sus cómplices. Después de todo, la pornografía, como el sexo en general, es mucho más que violencia y abuso.

Estepario.logo.E


Notas:
1. http://www.vozpopuli.com/altavoz/cultura/Cine-Culturas-Estrenos-50_sombras_de_grey-cine-san_valentin-sam_taylor-wood-berlinale-e-l-_james_0_779022141.html
2. http://www.biobiochile.cl/noticias/2015/02/17/actrices-porno-dan-5-razones-para-odiar-cincuenta-sombras-de-grey.shtml
3. La mayoría de las ideas recogidas en el presente artículo son autoría de Ann Russo, profesora asociada del College of Liberal Arts and Social Sciences, en el departamento de estudios de género. Russo, Ann, “Feminist Confront Pornography’s Subordinating Practices”, en Dines, Gail et al, Pornography: The production and consumption of inequality, Nueva York, Routledge, 1998, p. 12
4. Ibidem, p. 17
5. Ibidem, p. 13
6. Ibidem, pp. 27-28
7. Russo, Ann, “Feeding People in All Their Hungers”, en la obra colectiva citada en la nota 3, p. 147.
8. Ibidem, pp. 147-148
9. Ibidem, p. 148

 

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