Servilismo académico

Fotografía: El Universal
[El escritorio de un descreído] | Carlos Erasmo Rodríguez Ramos 

 

Los políticos saben seducir a los académicos. Creo que no hay nada que tiente más la soberbia de muchos de ellos que la posibilidad real de incidir. Como es evidente, en política los favores se cobran y son muchos los servicios que puede prestar un académico ansioso de vestirse con los mantos de la administración pública. Tal es el caso de John Ackerman, cuyo apoyo casi fanático a López Obrador está lejos del cuestionamiento crítico que uno esperaría de un investigador.

El caso más reciente de estos esfuerzos por congraciarse con la clase política fue protagonizado por Raúl Contreras Bustamante, Director de la Facultad de Derecho de la UNAM, y el candidato a la Presidencia por el PRI, José Antonio Meade. En compañía de prestigiosos profesores como Sergio García Ramírez y Raúl Carrancá y Rivas, el Director se reunió con el candidato. Aunque se ha maquillado la reunión con el nombre de “encuentro”, fue, a todas luces, una especie de mitin político con el sólo fin de promover una candidatura.

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En democracia, cada quien es libre de apoyar al candidato que le convenza. El problema viene cuando, usando la investidura de Director de una institución educativa, se participa en un evento ampliamente difundido en los medios y se da a entender que es la Facultad y su comunidad quienes respaldan al candidato. Esto se agrava en el caso del Dr. Contreras Bustamante, cuyos nexos con el PRI son ampliamente conocidos y no están exentos de polémica.

Aunque no está claro si el Director orquestó el encuentro o simplemente dio su consentimiento, indudablemente colaboró en su realización. Siendo así, la sospecha de que aquella reunión fue una maniobra destinada a generar puntos para una futura carrera política está más que fundada.

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Esto hace pensar que para el Dr. Contreras Bustamante, la Dirección no es más que una estación de paso, un trampolín hacia cargos en la administración pública. Los problemas y asuntos de la Facultad parecen estar en segundo término y sólo cobran relevancia cuando pueden ser puestos al servicio de intereses ajenos a la Academia.

Hasta el momento, no he sabido de algún profesor que haya manifestado su molestia ante el encuentro. Como dudo mucho que todos estén de acuerdo con él, este silencio me parece cuando menos sospechoso. Además, en ningún medio digital, la Facultad o la Dirección han dado una explicación oficial de los motivos y finalidades de la reunión, es más, no hay una sola mención a su existencia. Si el evento fue meramente académico, como la ostentación del cargo de Director y las constantes menciones de la Facultad pueden llevar a pensar, no debería haber inconveniente en publicarlo como se hace con los eventos que se realizan en la Facultad.

Tengo la convicción de que el Director debe una explicación a la comunidad universitaria, sobre todo a aquellos que no están de acuerdo con que el nombre de la institución de la que forman parte se use en actos propagandísticos de partidos con los que no comulga. Es un deber de la comunidad demandarla, sobre todo en el contexto del año electoral. En lo personal, dudo que la explicación tenga lugar. No creo que se pueda encontrar un pretexto para enmascarar lo evidente.

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Si queremos un mejor país, la Academia debe colaborar e incidir en la política, guardando prudente distancia entre ambas para que la labor de la Universidad no se vea afectada. La política y el país se benefician de una academia autónoma y sin sesgos que produzca críticas certeras, no aplaudidores.

 

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